El destructivo HARVEY, que tocó ayer costas de Texas en EE.UU. fortalecido como Huracán Mayor Categoría 4 (en una escala que va del 1 al 5), es un vivo ejemplo de lo que es capaz de originar nuestro complejo sistema Tierra. El rápido desarrollo de éste sistema con aguas en el Golfo de México en 31ºC y otros factores meteorológicos que favorecieron esa evolución, son una muestra más de que éstos fenómenos naturales son “imparables”. Muchas teorías existen de que en la actualidad se puede debilitar a un huracán o igualmente fortalecerlo y precisamente se ha señalado a los EE.UU. como uno de los países que aún participa en tal odisea, o sea, uno de los países que más ha sido golpeado por los embates de los huracanes. Algo contradictorio!

En una oportunidad, los EE.UU. apoyó unas investigaciones sobre los métodos para modificar los huracanes, conocidas como el Proyecto STORMFURY. Durante un par de décadas, la NOAA y su predecesor trataron de debilitar huracanes dejando caer yoduro de plata – una substancia que sirve como un núcleo de hielo efectivo – dentro de las bandas de lluvia de las tormentas. Durante los años de STORMFURY, los científicos utilizaron este procedimiento en las nubes de los huracanes Esther (1961), Beulah (1963), Debbie (1969), y Ginger (1971). Los experimentos tomaron lugar sobre el océano Atlántico, lejos de la tierra. El lanzamiento de STORMFURY fue dirigido a las nubes convectivas a las afueras del ojo de la tormenta, así intentando crear un anillo nuevo de nubes, las cuales se esperaba que compitieran con la circulación natural del sistema y de esta forma, debilitarla. La idea era que el yoduro de plata pudiera intensificar las tormentas en las bandas de lluvia por medio de la congelación de las gotas en el estado de sobrefusión, así dejando salir el calor latente de la fusión y ayudando que una banda de lluvia creciera a expensas de la pared del ojo. Con una convergencia debilitada hacia el ojo, los vientos fuertes del núcleo interno también se debilitarían bastante. Para que este procedimiento tenga éxito, las nubes deben contener suficiente agua en el estado de sobrefusión (agua que ha retenido su estado líquido en temperaturas bajo el punto de congelación, 0°C/32°F). Fue una idea muy buena, pero al final, tuvo un error fatal. Las observaciones hechas en los 1980´s mostraron que la mayoría de los huracanes no tienen la cantidad suficiente de agua en el estado de sobrefusión para que el procedimiento de STORMFURY pudiera funcionar. La flotabilidad de las celdas convectivas del huracán es relativamente pequeña y las corrientes ascendentes correspondientes también son pequeñas comparadas con aquellas observadas en una súper o multicelda de latitudes medias.

Además de esto, se encontró que los huracanes en los cuales no se realizó el proyecto, formaron también bandas alrededor del ojo en forma natural, justo como los científicos estaban tratando de realizar con STORMFURY. Este fenómeno hace que sea casi imposible de distinguir entre el efecto (si hay alguno) del procedimiento con yoduro de plata y un cambio hecho naturalmente. Las pocas veces que se llevó a cabo el proyecto y se pudo ver una reducción de la intensidad fue, sin duda, debido a lo que ahora se le conoce como “ciclos de reemplazo de la pared del ojo”. Así, la naturaleza lleva a cabo lo que la NOAA esperaba hacer artificialmente. No es de extrañar que los primeros experimentos se creyeron ser todo un éxito. Debido a que los resultados del proyecto eran tan cuestionables, STORMFURY fue descontinuado. Un comité especial de La Academia Nacional de Ciencias concluyó que un entendimiento más completo de los procedimientos físicos que dan lugar a los huracanes es necesario antes de diseñar otros experimentos para la modificación de huracanes. Hoy en día, la prioridad de la División de Investigación de Huracanes en la NOAA es mejorar el conocimiento físico de huracanes y mejorar los pronósticos.

Fuente: NOAA, Chris Landsea (NHC), Weather Underground

Otros artículos importantes: