El panorama en el Polo Norte es cada vez más crítico. Así se desprende del nuevo estudio científico donde han participado españoles. Destaca la inseguridad a la que están sometidas las comunidades esquimales y el aumento de la velocidad del deshielo en el Ártico.

Malas noticias. ¡Confirmado, el Polo Norte es la zona más afectada por el cambio climático! Veinte años después de que Naciones Unidas estableciera la Convención Marco sobre Cambio Climático para “prevenir la peligrosa interferencia de la mano del hombre en el sistema climático de la Tierra”, el Ártico muestra los primeros signos de un cambio climático peligroso. Así lo asegura un grupo de científicos, liderado por el CSIC, en un artículo publicado en el último número de la revista Nature Climate Change.  Hace semanas, el explorador Ramón Larramendi nos alertaba, de las evidencias del cambio climático en el Ártico. Lleva más de dos décadas haciendo exploraciones polares, y sin duda, el Ártico es el peor parado de los polos: “los cambios más notables los he apreciado en el Ártico, una enorme disminución de la banquisa (capa de hielo flotante que se forma en las regiones oceánicas polares). En la costa de Groenlandia hay muchísimo menos hielo. Lo que era una sospecha para los expertos polares acaba de confirmarse por los científicos. Según los investigadores, el Ártico sufre ya algunos de los efectos que, de acuerdo con el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), se corresponden con un “cambio climático peligroso”. La velocidad del calentamiento supera ya a la de adaptación natural de los ecosistemas árticos. Además, las comunidades esquimales están viendo peligrar su seguridad, su salud y sus actividades culturales tradicionales.

Los expertos reclaman un esfuerzo para desarrollar indicadores que alerten con tiempo de estos cambios, mitigar sus causas y reconstruir la capacidad de adaptación y recuperación de ecosistemas y comunidades. “Nos enfrentamos a la primera evidencia clara de un cambio climático peligroso y, sin embargo, parte de los científicos y los medios de comunicación están sumidos en un debate semántico sobre si el hielo oceánico del Ártico ha alcanzado o no un umbral de inflexión.”, señala el investigador del CSIC Carlos Duarte, autor del artículo. Los umbrales de inflexión se definen como puntos críticos dentro de un sistema cuyo estado futuro puede verse alterado cualitativamente por pequeñas perturbaciones. Por otro lado, se denominan elementos de inflexión a aquellos componentes del sistema Tierra que pueden mostrar puntos de inflexión. Según los científicos, el Ártico presenta la mayor concentración de elementos de inflexión potenciales del planeta, entre ellos el hielo oceánico, la placa de hielo de Groenlandia, las regiones de formación de aguas profundas del Atlántico Norte, los bosques boreales, las comunidades de plancton, el permafrost y los hidratos de metano marinos.

“El Ártico es, por todo ello, una región particularmente propensa a mostrar cambios abruptos y trasladarlos al sistema Tierra global. Es necesario buscar señales de alerta temprana que nos avisen de la proximidad de umbrales de inflexión para el desarrollo y el despliegue de estrategias adaptativas. Todo ello contribuiría a adoptar políticas más preventivas”, asegura Duarte.

Efectos en el clima global

En otro trabajo publicado en el último número de la revista AMBIO, Duarte y otros investigadores del CSIC detallan los elementos de inflexión presentes en el Ártico y aportan evidencias de que muchos de ellos han entrado ya en una dinámica de cambio que puede llegar a ser abrupto en la mayoría de los casos. Según el estudio, es posible observar numerosos elementos de inflexión que impactarían en el sistema climático global de ser perturbados. “En este trabajo aportamos evidencias de que muchos de estos elementos de inflexión están ya en marcha e identificamos cuáles son los umbrales de cambio climático que podrían acelerar el cambio climático global. La propia reacción humana al cambio climático en el Ártico, dominada por un aumento de actividades como el transporte, la navegación y la explotación de recursos podría contribuir a acelerar los cambios que ya están sucediendo”, explica el científico del CSIC. Los científicos creen que cerca del 40% de las emisiones de metano de origen antropogénico podrían ser mitigadas a un coste cero o con un beneficio económico neto. “A largo plazo, restringir las emisiones acumulativas de dióxido de carbono es esencial para ralentizar elementos de inflexión como la placa de hielo de Groenlandia”, sentencian.

Capas de hielo en Groenlandia