Diversos medios en el Mundo han venido reseñando con preocupación sobre el tema del deshielo asociado al cambio climático y con ello la descongelación de cadáveres de distintos organismos, lo que vendría acompañado de algunos virus que permanecían enterrados en el hielo.

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Foto cortesía de RTVE

Días atrás apenas se verificaba la noticia sobre un brote de ántrax que infectó al menos a 21 personas en el norte de Siberia, incluido un niño de 12 años que murió por esta enfermedad. Las autoridades rusas creen que el origen de la epidemia es el cadáver infectado de un reno que llevaba oculto bajo el permafrost desde hace aproximadamente 75 años, y que con las elevadas temperaturas de este verano ha aflorado a la superficie, liberando la bacteria del carbunco (Bacillius anthracis). El foco de la infección está situado cerca de la ciudad de Salejard, en el norte de Siberia Occidental, unos 2.000 kilómetros al noreste de Moscú. La región está habitada por poblaciones nómadas para las que el pastoreo de renos es una actividad destacada.  El origen de la epidemia se debe a que este verano, inusualmente caluroso, con temperaturas superiores a 35 grados, se ha derretido el permafrost -suelo permanentemente congelado- del extremo norte.”Las esporas de ántrax se pueden preservar en el permafrost durante más de un siglo”, han explicado los servicios de salud rusos.

Por otro lado el ABC de España recuerda hoy, que en 2014 un equipo de investigadores del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) hizo un inquietante descubrimiento en las profundidades del permafrost, en Siberia. A unos 30 metros de la superficie, enterrado en el suelo congelado, los científicos detectaron la presencia de un virus que llevaba al menos 30.000 años inactivado: el Pithovirus sibericum. Lo preocupante, es que, de vuelta al labotarorio, los investigadores comprobaron que estaba vivo, y que era capaz de infectar a sus víctimas: las amebas. Investigadores estadounidenses encontraron un virus patógeno de plantas con 140.000 años de antigüedad y otros lograron «revivir» a una bacteria inofensiva, pero que llevaba 750.000 años atrapada en el hielo. También hay sospechas de que los cadáveres congelados de personas y animales enterrados en el permafrost podrían ser un refugio para agentes infecciosos de otras épocas, como la gripe o la viruela. «Muchos virus y muchas bacterias estánvariola-major-cdc-kDyF--510x286@abcalmacenados en el permafrost y sobreviven ahí sin problemas. Por eso existe el riesgo de que cuando el suelo se descongela la población se infecte con ellos», ha explicado Felipe Gómez, microbiólogo del Centro de Astrobiología que investiga la ecología de este ambiente. Pero no cree que haya motivos para alarmarse: «Es un proceso que ya ha ocurrido en la historia, de forma natural». Para Bruno González-Zorn, director del departamento de sanidad animal de la facultad de veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, la clave para evitar riesgos es mantenerse vigilantes. «Seguramente surgirán patógenos víricos y bacterianos antiguos, para los que no estamos preparados hoy, pero también serán patógenos que hemos derrotado en el pasado. No creo que provocasen enormes alarmas sanitarias, sino brotes que serían controlados rápidamente». Con unos efectos del cambio climático ya visibles en el Ártico, incluyendo un año de récord en las temperaturas de Siberia, Jean-Michel Claverie cree que habrá que preocuparse cuando la industria comience a acceder a zonas antes dominadas por el hielo: «van a exponer al aire suelos congelados durante cientos o miles de años, liberando las incontables bacterias que contienen». Mientras tanto, el cambio climático amenaza con extender las enfermedades tropicales, como el zika, la malaria o el dengue, por los territorios templados. Y no sólo se trata de virus, la fusión de la capa de hielo de Groenlandia debido al cambio climático amenaza con exponer residuos peligrosos congelados en un campamento militar abandonado durante la Guerra Fría y pensado para que quedaran enterrados para siempre, según un estudio de investigadores de las universidades de Colorado en Boulder (Estados Unidos) y de York (Canadá). El Camp Century (Campamento Siglo, traducido al castellano) es una base militar de Estados Unidos construida bajo la capa de hielo de Groenlandia en 1959 como un sitio de alto secreto para probar la viabilidad de despegar misiles nucleares desde el Ártico durante la Guerra Fría. Cuando el campo fue desmantelado en 1967, su infraestructura y los residuos fueron abandonados ante el supuesto de que quedarían enterrados para siempre por la nieve perpetua. “Hace dos generaciones, la gente estaba enterrando los residuos en diferentes zonas del mundo y ahora el cambio climático está modificando esos sitios”, apunta William Colgan, climatólogo y glaciólogo de la Universidad de York y autor principal del estudio, quien añade: “Esto es una nueva reproducción del desafío del cambio climático que debemos abordar”.