Hoy la Organización Meteorológica Mundial ha emitido un comunicado de prensa donde señala que por primera vez, las concentraciones mensuales de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera superaron el umbral de 400 partes por millón (ppm) en todo el hemisferio Norte el pasado mes de abril. Ese umbral reviste una importancia simbólica y científica y refuerza la evidencia de que la combustión de combustibles fósiles y demás actividades humanas son las responsables del incremento constante en los gases de efecto invernadero que atrapan el calor y calientan el planeta.

Fracciones molares preliminares de CO2 en las estaciones mundiales de la Vigilancia de la Atmósfera Global (VAG) (marzo y abril de 2014)

Fracciones molares preliminares de CO2 en las estaciones mundiales de la Vigilancia de la Atmósfera Global (VAG) (marzo y abril de 2014)

Indica la OMM en su informe que todas las estaciones de vigilancia del hemisferio Norte que forman parte de la red de Vigilancia de la Atmósfera Global (VAG) pertenecientes a ésta organización han notificado concentraciones de CO2 en la atmósfera sin precedentes en la temporada en que se registran los niveles máximos. Ello ocurre al comenzar la primavera en el hemisferio Norte, antes de que el crecimiento de la vegetación absorba el dióxido de carbono. Si bien los valores máximos registrados en el hemisferio Norte en primavera han rebasado ya el nivel de 400 ppm, la concentración media mundial anual de CO2 superará ese umbral en 2015-2016. “Esto debería servir una vez más de llamada de atención sobre el incremento constante de gases de efecto invernadero que determinan el cambio climático. Si queremos conservar nuestro planeta para las generaciones venideras, debemos adoptar medidas urgentes para contener las nuevas emisiones de estos gases que atrapan calor”, afirmó el Secretario General de la OMM, señor Michel Jarraud. “El tiempo se está agotando”.invernaderoimage001

El CO2 permanece en la atmósfera durante cientos de años. Su ciclo de vida en los océanos es aún más prolongado. Se trata del gas de efecto invernadero de origen antropógeno más importante. A él se debe el 85% del incremento del forzamiento radiativo –con un efecto de calentamiento sobre nuestro clima– ocurrido durante el decenio 2002-2012. Entre 1990 y 2013, se registró un aumento del 34% en el forzamiento radiativo debido a los gases de efecto invernadero, según las últimas cifras suministradas por la Administración Nacional del Océano y de la Atmósfera (NOAA) de Estados Unidos de América. Según el Boletín de la OMM sobre los gases de efecto invernadero, la cantidad de CO2 presente en la atmósfera alcanzó 393,1 partes por millón en 2012, es decir, un 141% respecto al nivel preindustrial de 278 partes por millón. Durante los 10 últimos años, la cantidad de CO2 presente en la atmósfera ha experimentado en promedio un aumento de 2 partes por millón por año. Desde 2012, todas las estaciones de vigilancia en el Ártico han registrado en primavera concentraciones medias mensuales de CO2 superiores a 400 ppm, de acuerdo con los datos suministrados por las estaciones de la Vigilancia de la Atmósfera Global en Canadá, Estados Unidos de América, Noruega y Finlandia. Esta tendencia también se ha extendido a las estaciones de vigilancia en altitudes más bajas. En marzo y abril, las estaciones de la Vigilancia de la Atmósfera Global en Alemania, Cabo Verde, España (Tenerife), Irlanda, Japón y Suiza notificaron concentraciones medias mensuales superiores a 400 ppm. En abril, la concentración media mensual de dióxido de carbono en la atmósfera rebasó 401,3 ppm en Mauna Loa (Hawai), según datos suministrados por la NOAA. En 2013, solo se superó ese umbral un par de días. Mauna Loa es la estación de medición atmosférica continua de CO2 más antigua del mundo (desde 1958), por lo que se considera un lugar de referencia en la Vigilancia de la Atmósfera Global. El hemisferio Norte posee más fuentes antropógenas de emisión de CO2 que el hemisferio Sur. La biosfera controla también el ciclo estacional. El nivel mínimo de CO2 se registra en verano, período en que las plantas absorben cantidades considerables de ese gas. Los niveles máximos de invierno y primavera obedecen a la falta de absorción biosférica y a un mayor número de fuentes de descomposición de la materia orgánica, así como emisiones de origen antropógeno. Por lo tanto, el ciclo estacional más marcado ocurre en el extremo septentrional. La Vigilancia de la Atmósfera Global de la OMM coordina las observaciones de CO2 y de otros gases que retienen calor en la atmósfera, como el metano y el óxido nitroso, para poder uniformar las mediciones en todo el mundo y compararlas entre sí. La red abarca más de 50 países, con estaciones en altitudes elevadas en los Alpes, los Andes y el Himalaya, así como en el Ártico, la Antártida y el extremo Sur del Pacífico. Todas las estaciones se ubican en lugares no contaminados, a pesar de que algunas se ven más afectadas por fuentes biosféricas y antropógenas (vinculadas a la actividad humana). Las concentraciones medias mensuales se calculan sobre la base de mediciones constantes. En el mundo entero hay aproximadamente 130 estaciones que miden el dióxido de carbono.

Fuente: Organización Meteorológica Mundial