El cielo “se puso negro como la boca del lobo” y las llamas saltaban por encima de las colinas, relata la crónica del diario The Australian sobre el incendio en la localidad de Alice Springs el pasado martes. El cineasta Chris Tangey, que andaba por la zona, cogió su cámara y tuvo la oportunidad de filmar algo que raras veces se ve con tanta claridad: un tornado de fuego de 30 metros de altura. “Sonaba como un avión de combate que pasa”, dijo a Northern Territory News. El nombre más adecuado para el fenómeno sería “torbellino de fuego”, indica el profesor de ciencias atmosféricas Mark Wysocki a Livescience, porque su naturaleza es diferente a la de un tornado. Al igual que los pequeños torbellinos de arena que vemos en primavera, explica este especialista, un “torbellino de fuego” se produce cuando una zona del terreno extremadamente caliente a causa de un incendio expulsa una columna de aire caliente hacia el cielo.

Un torbellino es fenómeno meteorológico que consiste en un vórtice de viento (una columna de aire que rota en posición vertical) que presenta un rápido movimiento giratorio en torno a un eje que permanece relativamente estable. Los torbellinos se forman cuando en una masa de aire en movimiento surge una diferencia de velocidad entre dos regiones generando turbulencias. Este fenómeno ocurre en todas partes del planeta y en cualquier estación del año. Incluso, se sabe de torbellinos en otros planetas. El frotamiento del aire con el suelo o la perturbación de éste por pequeños obstáculos engendra numerosos remolinos cuyo diámetro puede ser de unos decímetros solamente. Esos torbellinos se hacen visibles sobre un suelo terroso, pues levantan polvo que revela el movimiento giratorio del aire y la existencia de una zona axial en la cual éste no tiene fuerza suficiente para arrastrar las partículas sólidas. En las trombas y tornados, el remolino mide unas decenas de metros de diámetro y la violenta ascendencia que los provoca les permite elevar a mucha altura una columna líquida.

“Estas columnas se forman en una zona muy pequeña del terreno”, explica Mark Wysocki, ” y se empiezan a elevar muy rápidamente, absorbiendo el aire de alrededor como si hicieran el vacío. Entonces se produce este remolino que recuerda a un vórtice”. Una vez que empieza a elevarse, el fuego se encoge hacia arriba, gira y acelera como lo hace una patinadora cuando se pone a dar vueltas sobre sí misma sobre el hielo. Aunque creemos que es poco habitual, los expertos creen que estos vórtices se producen de forma habitual en los incendios, solo que lejos de la vista de los humanos. La altura habitual, considera Wysocki, es de unos 30 metros y la velocidad de giro es de unos 35 km/h. Lo regular es que no duren más de un minuto.

Fuente: Wordless Tech, Live Science News