Agosto tendrá este viernes su segunda luna llena. Este fenómeno se conoce como ‘Luna azul’ y ocurre aproximadamente cada dos años y medio. Según han señalado los expertos, la luna llena se da cada 29 días, pero es muy difícil que todos los años se produzca un fenómeno de estas características. Cuando se escucha a alguien decir: “Se dará una Luna Azul” se entiende lo que quieren decir? Casi nunca. Quizás incluso absurdo. Después de todo, ¿cuándo fue la última vez que usted vio que la Luna se tornara de color azul? El 31 de agosto debería abrir bien los ojos, pues habrá una Luna Azul. De acuerdo con el folclore moderno, una Luna Azul es la segunda luna llena durante un mes calendario. Normalmente los meses tienen solamente una luna llena, pero ocasionalmente se cuela una segunda. Las lunas llenas están separadas por 29 días, mientras que la mayoría de los meses tienen 30 o 31 días de duración; así que es posible ubicar dos lunas llenas en un mismo mes. Esto sucede, en promedio, cada dos años y medio. Como en la foto anterior, una forma de obtener una luna azul es utilizando un filtro azul. El mes de agosto ya tuvo su luna llena el segundo día del mes. La siguiente, el 31 será por definición una Luna Azul. ¿Pero será realmente azul? Probablemente no. La fecha en que ocurre una luna llena, en sí misma, no tiene ningún efecto sobre el color de la Luna. La luna del 31 de agosto será de un color gris perla, como siempre. A menos que…

Hubo un tiempo, hace mucho, que la gente veía lunas azules casi todas las noches. Lunas llenas, medias lunas, cuartos crecientes, todas eran azules, excepto algunas noches, cuando eran verdes. La época fue en 1883, el año en que un volcán en Indonesia llamado Krakatoa, explotó. Los científicos comparan su estallido con el de una bomba nuclear de 100 megatones. A 600 kilómetros de distancia, la gente escuchó un ruido tan fuerte como el de un cañonazo. Columnas de cenizas se elevaron hasta los mismos límites de la atmósfera terrestre. Y la luna se volvió azul. La razón fueron las cenizas de Krakatoa. Algunas de las nubes de ceniza estaban llenas de partículas de aproximadamente un micrón (una millonésima de metro) de diámetro, el tamaño justo como para dispersar fuertemente la luz roja, mientras que permite que pasen otros colores. La luz blanca de la luna que pasaban a través de las nubes emergían de color azul, y algunas veces de color verde.

ver leyendaLas lunas azules persistieron durante años luego de la erupción. También se vieron soles color lavanda y, por primera vez, nubes noctilucentes. La ceniza causó “puestas de sol de un rojo tan vívido que los bomberos fueron llamados en Nueva York, en Poughkeepsie y en New Haven para apagar los aparentes incendios”, según el vulcanólogo Scott Rowland de la Universidad de Hawai. Otros volcanes menos potentes han causado también lunas azules. La gente vio lunas azules en 1983, por ejemplo, luego de la erupción del volcán El Chichón en México. Y hay informes de lunas azules causadas por el Monte Santa Helena en 1980, y por el Monte Pinatubo en 1991. La clave para que aparezca una luna azul es tener en el aire muchas partículas ligeramente mayores que la longitud de onda de la luz roja (0,7 micrones), y que no existan de otros tamaños. Esto es raro, pero a veces los volcanes expelen nubes de ese tipo, tal como sucede con los incendios en los bosques: “El 23 de setiembre de 1950, varios incendios de ciénagas que habían estado ardiendo tranquilamente por varios años en Alberta, estallaron súbitamente en incendios muy grandes, y con mucha producción de humo”, escribe la profesora de física Sue Ann Bowling de la Universidad de Alaska. “El viento transportó el humo hacia el este y hacia el sur con inusual velocidad, y las condiciones del incendio produjeron grandes cantidades de gotitas aceitosas del tamaño justo (aproximadamente de un micrón de diámetro) para dispersar la luz roja y la luz amarilla. Dondequiera que el humo se disipó lo suficiente como para hacer que el Sol fuera visible, se le veía de color lavanda o azul. Ontario y la mayor parte de la costa Este de los EE.UU. se vieron afectados el día siguiente, pero el humo continuó su marcha. Dos días más tarde, observadores de Inglaterra reportaron un sol índigo en cielos oscurecidos por el humo, seguidos de una luna igualmente azul esa misma noche”. Las nubes de ceniza y polvo lanzadas hacia la atmósfera por los incendios y las tormentas generalmente contienen una mezcla de partículas con un amplio espectro de tamaños. La mayoría son menores a un micrón, y tienden a dispersar la luz azul. Esta clase de nubes hace que la Luna se vuelva roja; de hecho, las Lunas Azules rojas son mucho más comunes que las Lunas Azules azules.

Fuente: Ciencia@NASA