La clausura de la cumbre medioambiental ha dejado un rastro de cerca de 60 toneladas de basura acumulada durante tres días de discursos y discusiones, según informó la Compañía Municipal de Limpieza Urbana. En el encuentro participaron más de 45 mil personas, entre delegados, periodistas y representantes de 193 países. La cifra incluye la basura recogida en la última semana en el centro de convenciones Riocentro, en donde se realizó la reunión oficial, así como en los locales que acogieron los principales eventos paralelos. Los esfuerzos de la ONU y de las ONG para que sus citas en pro del desarrollo sostenible no dejaran muchos desechos, entre ellos la distribución de los documentos por vía digital en lugar del papel, no impidieron que quedara el elevado volumen de basura.  El total de basuras de la Río+20 es casi la sexta parte de las 370 toneladas dejadas en la playa de Copabacana por las cerca de dos millones de personas que participaron en la última fiesta de fin de año en Río de Janeiro. Según el coordinador de sostenibilidad de la Río+20, el biólogo Francisco Nilson, los organizadores realizaron campañas para concienciar a los participantes de los diferentes eventos sobre la gestión correcta de la basura. Otra estrategia fue preferir materiales biodegradables, como los vasos para el agua, que fueron fabricados con residuos vegetales de la caña de azúcar y del maíz, y materiales sostenibles, como las botellas portátiles y reutilizables que fueron distribuidas para reducir el consumo de vasos. No obstante, el volumen de desechos resultó demasiado abultado. Por ese motivo, Francisco Nilson, explicó que la experiencia adquirida será tenida en cuenta para futuros eventos multitudinarios.Al terminar la cumbre Río+20 dedicada a los problemas medioambientales, muchos se sienten desilusionados y expresan abiertamente su descontento con los resultados obtenidos. Greenpeace, por ejemplo, cree que la cumbre “pasará a la historia por la falta de ambición de los Gobiernos participantes, y por sus buenas palabras vacías de contenido”. Organizaciones no gubernamentales llegaron a decir que la conferencia arrojó resultados por debajo de lo esperado. Por otro lado, el presidente de la organización ambientalista World Resource Institute, Manish Bapna, opina que “el texto acordado simplemente no tiene la fuerza para hacer frente a los desafíos ambientales y de desarrollo de nuestro tiempo”. En términos más contundentes se expresó el presidente de Ecuador, Rafael Correa: “la reunión fue un fracaso, el documento final fue lírico, no hay concreciones, no hay compromisos concretos, medibles, controlables, así que todo seguirá igual”. Correa también indicó que las responsabilidades en el impacto ambiental son “comunes pero diferenciadas”, subrayando el hecho de que el problema “no es técnico sino político”. Ecuador comunicó al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, su “profunda frustración” con Río+20, dado que esperaban “un documento mucho más audaz”. A lo que Ban respondió que la declaración de Río es un “buen” documento y que “lo más importante no son las palabras, sino la implementación de los principios”.