A pesar de las últimas y continuas erupciones solares, asociadas a eyecciones de masa coronal, la atmósfera exterior bombardean la Tierra con enormes cantidades de energía, la mayor parte de esa energía se refleja hacia el espacio por el campo magnético de la Tierra. Debido a que la energía no llega a la superficie de nuestro planeta, no tiene ninguna influencia apreciable en la temperatura superficial. La ola de calor que afectó a las regiones oriental y central de Estados Unidos, coincidió con una oleada de erupciones solares, por lo que es razonable preguntarse si estos eventos están relacionados. Después de todo, la energía del Sol es la fuente de calor de la Tierra. Pero la mayor parte de la energía liberada por las tormentas solares como las de 08 al 10 de marzo de éste mismo año no son como la luz visible y ultravioleta que penetra en la atmósfera de la Tierra y calienta la superficie. En cambio, las tormentas solares lanzan ráfagas de partículas cargadas eléctricamente a través del espacio, las cuales se consiguen con el campo magnético de nuestro planeta y la atmósfera superior, la termósfera. La corriente de partículas de alta energía calienta la termósfera. El dióxido de carbono y óxido de nitrógeno, refrigerantes en la termósfera absorben ésta energía y luego re-irradian calor hacia el espacio. Una pequeña fracción del exceso de calor de la llamarada solar se irradia a las capas de la atmósfera por debajo de la termósfera, pero es minúsculo en comparación con la cantidad normal de calentamiento de las capas bajas de la atmósfera mediante la luz solar entrante visible y ultravioleta. Las llamaradas solares no causan olas de calor, pero tienen otros impactos en la Tierra. Las consecuencias incluyen la hermosas auroras, se puede llover radiación adicional en los satélites, y aumentar la resistencia de los mismos en órbita terrestre baja. Aumento de la actividad electromagnética debido a las tormentas solares también pueden perturbar las redes eléctricas y de comunicaciones de radio. Los pasajeros de los aviones comerciales que vuelan rutas polares pueden estar expuestos a la radiación electromagnética. Las explosiones solares de corta duración no influyen en los fenómenos meteorológicos como la ola de calor de marzo de 2012, pero a más largo plazo las variaciones en la radiación solar pueden afectar el clima terrestre. La segunda mitad del siglo XVII experimentó un tramo de décadas de duración de la actividad solar mínima, se conoce como el Mínimo de Maunder, que muchos científicos sospechan pudo haber desencadenado la Pequeña Edad de Hielo. A largo plazo, sin embargo, varios registros indican que la cantidad de energía que la Tierra recibe del Sol es muy estable. Los astrónomos han apuntado telescopios hacia el Sol desde la Revolución Científica, y estudios recientes han reconstruido la actividad solar en los últimos tres siglos. Los satélites han observado el Sol desde 1978, y encontró que la actividad solar varía en un ciclo de aproximadamente 11 años en alrededor de un décimo del uno por ciento. En cuanto a la tormenta solar a principios de marzo de 2012, se lanzó una cantidad considerable de energía, pero casi todo fue re-irradiada hacia el espacio, y muy poco penetrado en la atmósfera inferior. Martin Mlynczak, investigador principal asociado de la NASA, sondea la atmósfera usando Radiometría Emisión de Banda Ancha (SABER), él dice: “La energía extra de esta tormenta es del orden de 100.000 veces menor que la energía que normalmente recibe la superficie de la Tierra. Es tan pequeño que ni siquiera nos damos cuenta.”