El día de hoy el Centro de Predicciones  Climáticas/NCEP/NWS y el Instituto Internacional de Investigación de clima y sociedad, han emitido la primera advertencia sobre el fenómeno El Niño, la cual se difunde cuando se han observado y se espera que continúen las condiciones de El Niño. Las condiciones de El Niño se desarrollaron durante enero de 2019, basado en la presencia de las temperaturas de la superficie del mar (SSTs, por sus siglas en inglés) por encima del promedio a través del Océano Pacífico ecuatorial y los cambios correspondientes en la circulación atmosférica. Los índices semanales de El Niño permanecieron sobre el promedio durante el mes, aunque estuvieron disminuyendo en regiones del Niño-3 y Niño-3.4.

En el boletín se explica, que la mayoría de los modelos de IRI/CPC predicen que el índice de El Niño 3.4 de +0.5°C o más continúe al menos a través de la primavera 2019 del Hemisferio Norte. Dado al descenso reciente de la onda Kelvin y el pronóstico de anomalías en los vientos del oeste, la mayoría de los pronosticadores anticipan que las anomalías de SST aumenten un poco en el Pacifico este-central durante el próximo mes. Debido a que los pronósticos durante la primavera son generalmente menos certeros, las predicciones de que El Niño persista más allá de la primavera es de 50% o menos. En resumen, se espera que El Niño débil continúe durante la primavera 2019 del Hemisferio Norte (~55% de probabilidad). Debido a la fortaleza débil que se pronostica, impactos generalizados o significativos no son anticipados. Sin embargo, dichos impactos que usualmente se asocian con El Niño pueden ocurrir en algunos lugares durante los próximos meses.

Recordemos que El Niño es uno de los varios ciclos climáticos irregulares que se producen por la interacción entre el océano y la atmósfera. Es un fenómeno propio de la variabilidad climática (no del cambio climático), que se manifiesta mediante cambios en los patrones normales de comportamiento de:
• las corrientes oceánicas,
• los flujos de viento, y
• la distribución de la precipitación y la temperatura.

El Niño no es un fenómeno nuevo; existen pruebas de que ha existido durante miles de años. Sin embargo, no fue sino hasta el siglo pasado en que se logró comprender satisfactoriamente cómo se forma y se mantiene. El término «El Niño» fue empleado por los pescadores de Perú desde la época de la Colonia, para referirse a la disminución de la pesca en la época de Navidad, ya que asumían que el niño Jesús deseaba que tomaran un descanso para reparar sus equipos y pasar más tiempo con sus familias. A través de los años, el término se ha usado para designar intervalos en que las aguas se vuelven excepcionalmente cálidas, hecho que no sólo altera la vida normal de los pescadores, sino que también trae consigo fuertes lluvias en la región costera de Perú y Ecuador. Algo que debemos tener en cuenta es que los eventos de El Niño ocurren aproximadamente cada tres a cuatro años y a veces más (es acíclico), pero no siempre tienen la misma intensidad ni la misma duración.

Dada la enorme superficie que cubre el Pacífico ecuatorial y la inmensa cantidad de energía que se intercambia a través de la evaporación del agua entre el océano y la atmósfera durante un evento de El Niño, cambia el comportamiento del sistema climático. Los giros y cambios en el diálogo océano-atmósfera sostenido en el Pacífico pueden traer repercusiones en las condiciones climáticas en regiones muy distantes alrededor del mundo. Este mensaje de cobertura mundial es transmitido a través de cambios en la precipitación pluvial en los trópicos, que afectan los patrones del viento sobre gran parte del mundo. Estas variaciones, en formas que aún no son bien comprendidas, dada su tremenda complejidad, influyen en buena parte del sistema climático mundial, especialmente cuando se trata de un evento extremo. Por supuesto, los países que más sufren son los de la cuenca del Pacífico y en general los mayores efectos se notan en el período diciembre-abril. Entre sus efectos resaltan los siguientes:
• Sequías al este de Australia e Indonesia, que se extienden hasta las Filipinas.
• Aumento de las precipitaciones en la costa pacífica de América, especialmente en Perú y Ecuador.
• Incremento de la incidencia de tormentas tropicales y de huracanes en el Pacífico.
• Tendencia a inviernos astronómicos en el hemisferio norte (diciembre) más cálidos de lo normal en la costa pacífica de Estados Unidos y Alaska.
Para los países que no pertenecen a la cuenca del Pacífico, describir la alteración climática es más difícil. Sin embargo, en algunas zonas del mundo se han notado estos efectos, que se pueden relacionar con El Niño:
• Sequías en el Sahel (la zona al sur del desierto del Sahara).
• Sequías en el Nordeste de Brasil (temporada lluviosa de febrero a mayo).
• Disminución de las lluvias provocadas por los vientos monzones de verano (julio-septiembre) sobre India.
• Disminución de las tormentas tropicales y de los huracanes en el Atlántico.
• Aumento de las precipitaciones en la zona del Golfo de México, el sur de Brasil, Uruguay, Paraguay y el norte y centro de Argentina.
Disminución de las precipitaciones y aumento de las temperaturas en buena parte de Venezuela.

Los modelos meteorológicos a mediano plazo, como lo es el ECMWF, sugieren precipitaciones por debajo del promedio en Venezuela durante éste trimestre y así mismo, anomalías positivas de las temperaturas (por encima de la norma):

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