En la Universidad de Saskatchewan dirigida por un equipo internacional de investigadores, han descubierto que los aerosoles de erupciones volcánicas relativamente pequeñas puede ser impulsado a la alta atmósfera por los sistemas climáticos como los monzones,  los que pueden afectar a las temperaturas globales. Adán Bourassa, del Instituto de Estudios Espaciales y de la Atmósfera la Universidad de Saskatchewan,  explica que hasta ahora se pensaba que una erupción masiva energética era necesaria que ocurriera para inyectar aerosoles más allá de la troposfera, o sea, hacia la estratosfera. “Si es un aerosol en la atmósfera inferior, es afectada por el clima y se precipita hacia abajo de inmediato”, dice Bourassa. “Una vez que llega a la estratosfera, puede persistir durante años, y dependiendo del tipo de aerosol puede durar toda una vida sostenida, lo que realmente puede tener un efecto duradero. Ese efecto es la dispersión de la luz solar entrante y la posibilidad de enfriar la superficie de la Tierra. Por ejemplo, la erupción masiva del volcán Pinatubo en Filipinas en 1991 suspendió temporalmente la temperatura en medio grado centígrado en todo el mundo.El equipo de investigación incluye a científicos de la Universidad de Saskatchewan, la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, el Centro Nacional de Investigación Atmosférica en Colorado y la Universidad de Wyoming. Hicieron observaciones en junio de 2011 con la erupción del volcán NaBrO en Eritrea en el noreste de África. El viento llevó el gas volcánico y aerosoles -gotas diminutas de ácido sulfúrico- hacia el camino del monzón de verano asiático anual. El polvo del volcán NaBrO, siendo ligeramente más pesado, fue trasladado a éstas capas por el monzón al igual que las gotitas de líquidos más ligeros, los cuales  fueron detectados por el instrumento de la Agencia Espacial Canadiense  OSIRIS a bordo del satélite sueco Odin. El volcán NaBrO causó la mayor carga de aerosol estratosférico jamás registrado por OSIRIS en sus más de 10 años de vuelo. OSIRIS, diseñada en parte en la Universidad de Saskatchewan, se utiliza para estudiar la atmósfera superior, en particular la capa de ozono y aerosoles atmosféricos. Previsto originalmente para una misión de dos años, el instrumento ha estado funcionando sin problemas desde su lanzamiento en 2001. Le da la vuelta a la Tierra de polo a polo una vez cada hora y media. “Hay sólo unos pocos instrumentos que pueden medir los aerosoles estratosféricos, y Osiris es uno de ellos”, dice Bourassa. “Se ha convertido en un instrumento muy importante para el estudio del clima, ya que hemos capturado más de una década completa de datos. Cuanto más tiempo pasa, más valioso se vuelve. “La esperanza es que estas últimas conclusiones servirán de otra pieza del rompecabezas para alimentar los modelos de manera más exactas en el estudio de la conducta y el cambio climático.