En el día de ayer se observó un poco antes de las 18:00 hora local de Venezuela, una posible bola de fuego, lo que algunos denominaron “meteorito” y otros “estela de condensación” de un avión. El problema a todo este tipo de eventos es que cuando ocurren si no son vistos por expertos tienden a confundir a muchos que desconocen del tema. En ésta oportunidad y, aunque no soy astrónomo ni nada similar sino meteorólogo, tuve la posibilidad de verlo (muy diferente a observarlo por fotografías). Llevo 24 años observando el cielo, 14 años laborando en el aeropuerto de la frontera de San Antonio del Táchira y Cúcuta y cansado de ver estelas de condensación dejadas por los aviones. Acá mi opinión:

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Imagen tomada por el usuario de Twitter ‏@jonathamisse007. Creo fue la primera toma mostrada públicamente

Apenas pude observar lo que para mi y consultando con algunos astrónomos aficionados como el Ing. José Mauricio Rozada  @jmrozada pudo haber sido una bola de fuego, comencé a revisar en las redes sociales a ver si alguien había visualizado lo mismo que yo. La primera imagen que conseguí es la mostrada anteriormente, tomada por @jonathamisse007, muy similar a lo que yo vi. Luego aparecieron otras más como la siguiente:

Foto posteada por @rodericsandoval

Foto posteada por @rodericsandoval

Luego comencé a leer que era la estela de condensación de un vuelo internacional entre Perú-Bogotá, entre Bogotá-Madrid, entre Maiquetía-Bogotá, entre otras diversas opiniones. La que más repuntó fue la de un “meteorito”. Veamos que son todas estas cosas:

Cada año miles de toneladas de material extraterrestre caen sobre la superficie de nuestro planeta; una especie de lluvia cósmica de micropartículas, de alrededor de 150 toneladas diarias, cuya composición y características vamos conociendo cada vez mejor. En este escenario, se ha estimado que miles de meteoros con magnitud “bola de fuego” (fireball) ocurren cada día. Sin embargo, la mayor parte de estos eventos tienen lugar sobre océanos o lugares deshabitados e, incluso muchos de ellos, quedan a veces enmascarados por la propia luz del día. Con respecto a los meteoritos, no hay más que echar un vistazo a la Luna para comprobar cómo su superficie se encuentra plagada de cráteres de impacto. Los impactos meteoríticos están probablemente entre los episodios planetarios más extendidos en el sistema solar. Hoy en día se sabe que la colisión de meteoritos contra la Tierra también ha sucedido en multitud de ocasiones y pruebas de ello se encuentran a lo largo de todo el registro geológico. Por término medio, una vez cada pocos cientos de años la Tierra es alcanzada por un objeto de unos 70 metros de diámetro; cada diez mil años nos golpea un objeto de unos 200 metros, y cada millón de años se produce el impacto de un cuerpo de más de 2 km de diámetro. Por último, cada 100 millones de años tiene lugar una catástrofe como la que sucedió, en el límite Cretácico-Terciario (K/T), cuando se produjo el choque de un cuerpo de unos 10 km de diámetro contra nuestro planeta. Actualmente, varios grupos de investigación en todo el mundo están investigando seriamente el riesgo de impacto y sus consecuencias, asociado con meteoritos de grandes dimensiones. Los últimos cálculos basados en los registros históricos y observaciones, indican que alrededor de 500 meteoritos mayores de 0,5 kg caen a la Tierra cada año, aunque solamente 4 son observados. A todo esto, hay que unir el riesgo, no natural, sino en este caso artificial, condicionado por nosotros mismos, y asociado a los restos y numerosos fragmentos de chatarra espacial que se encuentran orbitando alrededor de la Tierra. “Es muy importante resaltar que, incluso aunque exista una bola de fuego espectacular que constituya un avistamiento multitudinario, no se debe hablar de meteoritos hasta que no existe un ejemplar que ha podido ser estudiado y se ha verificado su origen extraterrestre. Además, los casos en que se ha producido un evento de tipo bola de fuego y simultáneamente ha tenido lugar un impacto meteorítico visible son muy escasos, contados con los dedos de las manos en toda la historia de la meteorítica”, apunta Jesús Martínez Frías del Foro científico-técnico de Meteoritos y Geología Planetaria (RedIris). Por ese lado y hasta ahora, lo que se vio ayer no cumple los requisitos para que sea un “meteorito”. Pero tampoco con la de una estela de condensación de una aeronave. ¿Por qué? Inmediatamente comenzó a rodar la posibilidad de que fuese una estela de condensación dejada por algún vuelo comercial en la zona de frontera, revisé fuentes como flightradar24 y otras que no puedo señalar por razones obvias, y no había ningún avión de amplia envergadura sobrevolando la zona que pudiese haber originado dicha estela. ¿Qué son estas estelas de condensación?

Estela de condensación dejada por un avión

Estela de condensación dejada por un avión

Se denomina estela de condensación al rastro en el aire que deja tras de sí un cuerpo en movimiento. Los trazos o estelas de avión son áreas de condensación que se originan por detrás de los escapes de las turbinas y que forman nubes tipos cirros artificiales (a veces llamados estelas de vapor). También se generan en los vórtices de las alas de los jets, que precipitan una corriente de cristales de hielo en atmósfera húmeda y fría. Las estelas se producen cuando hay una presión muy baja a gran altitud. Pero también se puede producir en los cazas cuando vuelan a poca altitud, modificando las abertura de las toberas. Otras estelas que se disipan muy rápido se producen en los extremos de las alas. Debido a la diferencia de presión de la parte superior e inferior de las alas se produce una corriente de aire en los extremos en forma de torbellino. Cuando la diferencia de presión de las caras es mayor, ascensos rápidos, loopings; el torbellino se hace lo suficientemente fuerte para crear un vacío debido a fuerza centrifuga. Este vacío hace que el aire baje rápidamente de temperatura y el vapor se condense.

Las estelas aéreas pueden ser creadas de dos maneras:

1) Los escapes del jet incrementan la cantidad de humedad en esa atmósfera, provocando que su contenido de agua llegue al punto de rocío o de saturación. Así se causa la condensación del vapor del combustible combustionado, y se forma el trazo.

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2) Las alas del aeroplano causan una caída en la presión del aire en la vecindad del ala (esto explica en parte como consigue volar un objeto más pesado que el aire). Esta caída de presión brinda una disminución de la temperatura, causando que se condense agua del aire y forme estelas, pero solo a altas altitudes. A más bajas altitudes, este fenómeno se conoce como ectoplasma. El ectoplasma es más común de ver en momentos de empujes de alta energía de los motores, como por ejemplo en combate, o en jets de líneas durante el despegue y el aterrizaje, en lugares de muy baja presión, en las alas, y frecuentemente en turbo-fan.

Yo particularmente sugiero y, luego de haber hecho algunos análisis objetivos que no sea el de sólo ver una fotografía o haberme dejado llevar por la observación visual que tuve, que lo visto ayer corresponde a una bola de fuego.

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