La tormenta solar de 1859 es considerada la tormenta solar más potente registrada en la historia. Aunque nuevos estudios han arrojado resultados de un evento entre 10 a 20 veces mayor ocurrido en el año 775.  En el año 1859 se produjo una gran eyección de masa coronal o fulguración solar. Fue a partir del 28 de agosto, cuando se observaron auroras que llegaban  hasta El Caribe. El pico de intensidad fue el 1 y 2 de septiembre, y provocó el fallo de los sistemas de telégrafo en toda Europa y América del Norte. Los primeros indicios de este incidente se detectaron a partir del 28 de agosto de 1859 cuando por toda Norte América se vieron auroras boreales. Se vieron intensas cortinas de luz, desde Maine hasta Florida. Incluso en Cuba los capitanes de barco registraron en los cuadernos de bitácora la aparición de luces cobrizas cerca del cenit. En aquella época los cables del telégrafo, invento que había empezado a funcionar en 1843 en los Estados Unidos, sufrieron cortes y cortocircuitos que provocaron numerosos incendios, tanto en Europa como en Norteamérica. Se observaron auroras en zonas de baja latitud, como Roma, Madrid, La Habana y las islas Hawái, entre otras.

Recordando esta potente tormenta, dos científicos han sugerido una nueva explicación al llamado ‘fenómeno de Carlomagno’, según la cual una llamarada solar como la que afectó a la Tierra en el año 775 podría destruir los avances tecnológicos de nuestra civilización actual. Adrian Melott, profesor de física y astronomía en la Universidad de Kansas, y Brian Thomas, de la Universidad de Washburn, han propuesto una nueva explicación para el ‘fenómeno de Carlomagno’, un brote de radiación registrado durante las guerras de Carlomagno contra los lombardos. Este extraño fenómeno fue descubierto en 2012, cuando un análisis de los anillos de dos cedros japoneses reveló que entre los años 774 y 775 (precisamente cuando el emperador combatía a los lombardos), el nivel atmosférico de carbono-14 radiactivo aumentó en un 1,2%. Esto indica que los rayos cósmicos bombardearon nuestro planeta y convirtieron el nitrógeno-14 atmosférico en carbono-14. Según Adrian Melott, los descubridores del fenómeno lo atribuyeron a una radiación mil veces más potente que la observada durante la tormenta geomagnética de 1859, la mayor en la historia de la humanidad. “Acabamos de repasar cuidadosamente estos cálculos erróneos y hemos descubierto que el estallido fue sólo 10-20 veces más fuerte que… en el año 1859 “.

La llamarada de la energía solar de 1859 provocó un apagón de energía y una aurora boreal visible hasta el Caribe, hasta el punto de que los habitantes de Montañas Rocosas se despertaron pensando que había amanecido. Sin embargo, en los años 774-775 no se observó nada extraordinario.  En efecto, una llamarada solar mil veces más poderosa que la más fuerte de todas las conocidas es imposible de aceptar. Pero la diferencia en 10-20 veces parece razonable. Según Melott, los datos de la sonda espacial Kepler muestran que estrellas como el Sol son propensos a desprender llamaradas periódicas de capacidad muy por encima a la normal. Una de estas llamaradas provocó un fuerte aumento de la radioactividad en 774-775, estima el científico.

Prevén que esto pueda pasar nuevamente:

Por cierto, el investigador cree que el evento no será el último. De acuerdo con datos suministrados por Kepler, fenómenos como éste se registran aproximadamente una vez cada mil años, así que pronto podría acaecer uno similar. Si se diera el caso, la Humanidad sobreviviría al cataclismo con muchas más pérdidas que el Estado carolingio y sus contemporáneos. Los seres humanos en aquel entonces podrían haber padecido un aumento de enfermedades cancerígenas de piel (debido a la destrucción de una cantidad significativa de ozono), así como una disminución de las cosechas. Pero en nuestro caso… Si en 1859 en todo el mundo falló la comunicación alámbrica (telégrafo), que es la más segura, es fácil imaginar cómo afectaría a la comunicación inalámbrica… Un fenómeno 10-20 veces más potente que una erupción solar en la época de Carlomagno causaría en tubos de acero y gas-oleoductos una corriente eléctrica proporcional a su longitud. Quedarían dañados gasoductos y oleoductos, transformadores de potencia, etc. Sustituir o reparar todos los transformadores supondría un enorme trabajo. Y todo ello sin hablar de la disfunción masiva de la mayoría de los dispositivos electrónicos.

Como se ha vuelto de moda asociar cualquier evento natural con “el fin del Mundo”, ésto es sólo la investigación de dos científicos que nos llevan a recordar, que la Tierra y todo el Universo están en constante proceso de evolución. Llamaradas solares, tormentas geomagnéticas, sismos, meteorología extrema, entre otros, siempre han estado y estarán allí. Sólo debemos seguir estudiando sus efectos y como vivir con estos cambios de los cuales somos protagonistas.