Los planes de China de implementar hasta 40 grandes proyectos para convertir el carbón en gas natural sintético (GSN) con el objetivo de reducir la contaminación atmosférica podrían desencadenar una catástrofe ambiental.

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Actualmente el carbón representa alrededor del 70% del consumo de energía del país. Con el objetivo de reducir la contaminación las autoridades fomentarán el uso del gas natural y de la energía nuclear. Pero de acuerdo a un nuevo estudio llevado a cabo por la Universidad de Duke (EE.UU.), explica que esta iniciativa china aumentaría drásticamente las emisiones de efecto invernadero y de grandes cantidades de toxinas, al mismo tiempo que requeriría un gran consumo de agua. “El uso de carbón para producir gas natural puede ser positivo para la seguridad energética de China, pero supone provocar un desastre ambiental”, opina Robert B. Jackson, director del Centro sobre el Cambio Global de la Universidad de Duke. El autor principal del estudio, Chi-Jen Yang, considera que “las autoridades CONTINÚAN ELEVADOS LOS ALTOS NIVELES DE CONTAMINACIÓN EN CHINAchinas deberían como mínimo demorar la aplicación de sus planes de producir gas natural sintético, ya que estos pueden implicar grandes costes y resultar muy perjudiciales para el ambiente”. A su juicio, la mejor decisión sería cancelar el programa por completo. El Gobierno central chino ha aprobado recientemente la construcción de nueve grandes plantas con capacidad para producir más de 37 millones de metros cúbicos de gas natural sintético al año. Empresas privadas tienen previsto construir unas 30 plantas más con una capacidad conjunta para producir hasta 200 millones de metros cúbicos de gas natural anuales, una cantidad muy por encima de la demanda actual de gas natural en China. “Si se construyen las 40 instalaciones, las emisiones de dióxido de carbono alcanzarán la enorme cifra de 110.000 millones de toneladas”, dijo Jackson. El estudio señala que las plantas también emitirían sulfuro de hidrógeno y mercurio. Según el Gobierno chino, su objetivo es reducir en un 25% la contaminación en la región Beijing-Tianjin-Hebei (Norte de China). En cuanto a nivel nacional ese porcentaje es del 17%. La idea inicial es que aparte de una mayor utilización del gas natural y de la energía nuclear se empiece a apostar definitivamente por la energía eólica y solar, la cual se elevará hasta el 13% en 2017 desde el 9,1% de 2012. Otras medidas que ayudarían a reducir esa contaminación es la disminución del número de vehículos que circulan por las calles de las grandes ciudades.