Hace 30 años, el 21 de julio de 1983 el termómetro de la estación científica rusa de Vostok descendía hasta los 89,2 grados centígrados bajo cero, la temperatura más baja registrada jamás en el planeta. Una masa de aire frío procedente del océano Atlántico se instaló durante diez días en la meseta de la Antártida donde está ubicada la base, a 3.488 metros de altitud, lo que unido a la ausencia de nubes y al fenómeno del diamante en polvo (minúsculas partículas de hielo suspendidas en el aire) creó las condiciones para llegar a estas extremas temperaturas.

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Así lo reveló la investigación llevada a cabo por la British Antartic Survey y el Artic and Antartic Research Institute de Rusia en 2010. El nuevo dato desbancaba el récord anterior de 88,3 grados bajo cero que también ostentaba Vostok aunque hay quien dice que en 1997 se llegó a los -91º C. Los científicos que trabajan en esta estación de investigación rusa conocen bien el frío. Son apenas 13 personas durante el invierno del hemisferio Sur, la mitad que en verano, y viven con temperaturas medias inferiores a los 60 grados bajo cero y difícilmente superiores a los -30 grados centígrados. Es un inhóspito lugar, muy seco y con el escaso oxígeno propio de su altitud. “¡Dios mío, qué continente tan espantoso!”, escribió en su diario Robert Scott por los horrores vividos en la expedición de 1911-1912. El legendario explorador británico falleció de agotamiento, hambre y frío extremo tras alcanzar el Polo Sur en enero de 1912 y descubrir que el noruego Roald Amundsen se le había adelantado.

Un paraíso subterráneo

Construida en 1957 durante la segunda expedición soviética a la Antártida, estuvo cerrada temporalmente en 1994 antes de pasar a ser un centro de operación conjunta de científicos rusos, americanos y franceses. Dos años después se descubría con georadares el paraíso gélido del lago Vostok, el subglacial más grande que se conoce, con 300 kilómetros de largo, 50 de ancho y casi mil metros de profundidad en algunas zonas. r_vostok2_adr7Se estima que tiene unos 20 millones de años y que contiene el agua más pura del planeta. El miedo a contaminar este paraje sellado durante millones de años hizo saltar las alarmas, paralizando las perforaciones en diversas ocasiones hasta que en febrero de 2012 se culminó la controvertida operación. La vía abierta permitía extraer meses después la primera muestra del agua más antigua del planeta en la que se ha encontrado ADN de una bacteria inédita hasta ahora, que podría aportar información trascendental sobre la evolución de la vida en la Tierra. Un reciente artículo publicado en PLOS señalaba que hasta el momento se han identificado además «secuencias genéticas únicas» de más de 3.500 especies, en su mayoría bacterias.

Clima habitual: 

La temperatura media anual es de –55,2°C y oscila entre los -31,9°C de diciembre y los –68°C de agosto. Las precipitaciones, de 372 mm anuales, son en forma de nieve. Las difíciles condiciones para la vida humana no se reducen sólo a las bajas temperaturas; a esto debe sumarse la altitud, la falta de oxígeno, la virtual ausencia de humedad, la falta de dióxido de carbono que trastorna la respiración, los fuertes vientos, la radiación ultravioleta debida al agujero en la capa de ozono, el aislamiento dada su ubicación extremadamente lejos del mar y en invierno la larga noche polar, entre otros factores. Aun cuando no ha sido confirmado, se dice que en 1997 se registró un récord de temperatura de –96 °C.

Fuente: ABC, Coldest Temperature on Earth