Enero de 2020 ha sido el más cálido en 141 años de registros; febrero 2020 fue el segundo febrero más cálido registrado a nivel mundial; marzo pasado estuvo a la par con el segundo y tercer registro más cálidos (2017 y 2019); abril 2020 queda empatado con el abril más cálido registrado en el 2016; mayo 2020 fue el más cálido en las normales climatológicas 1981-2010 y ahora a nivel mundial, las temperaturas del mes pasado fueron 0,53 °C más cálidas que el promedio de junio de 1981-2010, casi empatadas como el junio más cálido en este registro, siendo apenas 0,01 °C más frío que junio de 2019 y más cálido en 0,1 °C que en junio de 2016, que ahora pasa a ser el tercer junio más cálido.

 

Las temperaturas promedio durante el período de doce meses desde julio de 2019 hasta junio de 2020 fueron:

  • muy por encima del promedio de 1981-2010 en gran parte de Siberia y el Ártico al norte, al norte de Alaska y en partes de la Antártida occidental;
  • superior a la media en prácticamente toda Europa;
  • por encima del promedio sobre la mayoría de las otras áreas terrestres y oceánicas;
  • debajo del promedio en algunas áreas terrestres, particularmente en el centro de Canadá y el norte de India, y algunas áreas oceánicas, predominantemente en el hemisferio sur.

Evidentemente la tendencia de éste año 2020, lo perfila a ser uno de los años más cálido en los registros históricos. En base a esto, ha habido muchas preguntas sobre si podemos ver en las mediciones de CO2 alguna desaceleración de las emisiones de éste y otros Gases de Efecto Invernadero en virtud del confinamiento por el COVID19. Esa caída en dichas emisiones debe ser lo suficientemente grande como para sobresalir de la variabilidad natural de CO2  y hasta ahora emisiones faltantes no se destacan lo suficiente como para notar sus efectos a corto ni mediano plazo. Aquí hay un ejemplo: si las emisiones son más bajas en un 25%, entonces esperaríamos que la media mensual de CO2 para julio se reducirá en aproximadamente 0.2 ppm (partículas por millón), y nuevamente en agosto, etc. Por lo tanto, cuando comparamos el ciclo estacional promedio de muchos años, esperaríamos que se acumule una diferencia después de varios meses, y a cada mes le faltaría apenas 0.2 ppm. La Agencia Internacional de Energía espera que las emisiones globales de CO2 caigan un 8% este año. Claramente, no podemos ver un efecto global como ese en menos de un año. El CO2 continuaría aumentando casi al mismo ritmo, lo que ilustra que para hacer frente a nuestra emergencia de calentamiento global, se deben realizar inversiones agresivas en fuentes de energía alternativas.

Entre 65% y 80% de CO2 liberado a la atmósfera se disuelve en el océano y permanece allí durante un período de entre veinte y doscientos años. El resto se elimina lentamente, gracias a procesos que pueden durar cientos de miles de años, tales como la meteorización química o la formación de rocas. En definitiva, una vez que está en la atmósfera, el dióxido de carbono puede seguir afectando al clima durante miles de años. El metano, en cambio, desaparece de la atmósfera por reacción química, aunque persiste durante unos doce años. De este modo, aunque el metano es un gas de efecto invernadero muy potente, su secuela es relativamente de corta duración. El óxido nitroso se acumula en la estratosfera y desaparece de la atmósfera más lentamente que el metano, pues persiste durante más de cien años. Los compuestos que contienen cloro o flúor (CFC, HCFC, HFC, PFC) tienen diferentes comportamientos: pueden estar en la atmósfera desde menos de un año a miles de años. El IPCC (Panel Intergubernamental para la Lucha contra el Cambio Climático) ha publicado una amplia lista señalando cuánto tiempo permanece en la atmósfera los CFC y otros gases de efecto invernadero. Así que por ahora, no esperemos grandes cambios.

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